El ciego que supo ver

El catedrático de Microbiología Luis Carrasco descubre el agente causante de la ceguera que padecen él y otros miles de personas en España

Madrid, María J. MATEO

Después de nueve años en la oscuridad, el catedrático de Microbiología Molecular de la Universidad Autónoma de Madrid Luis Carrasco ha descubierto -gracias al azar y a su ingenio- el agente causante de la ceguera que padecen él y otros miles de personas en España.

Sólo la suerte explica que fuera este científico uno de los enfermos afectados por la retinopatía periférica aguda zonal oculta (AZOOR), capaz de provocar una grave pérdida de visión, y que fuera él mismo quien tratara de encontrar la respuesta al principio de su mal partiendo de una hipótesis que se demostraría cierta.

Su investigación, según explicó el propio Carrasco, partió de la posibilidad de que el origen pudiera ser de tipo infeccioso. Desde ese momento, el trabajo fue «fácil» porque pronto descubrieron que su teoría estaba en lo cierto. La sospecha era que su ceguera la había producido el hongo de la levadura o «Cándida famata». Su aislamiento requirió de un gran esfuerzo, ya que se trata de un hongo «silencioso» que apenas causa inflamación y dolor.
Aunque está presente en la flora intestinal de todos los humanos, sólo en ocasiones es capaz de pasar a través de la mucosa al torrente sanguíneo y diseminarse por el resto del cuerpo, lo que le sucedió a él y a unos 12.000 de los 60.000 afiliados que tiene la ONCE. De momento, sólo ha descubierto lo que le provocó la ceguera, pero no pierde la esperanza de que encuentre también la forma de revertir su enfermedad y volver a ver.

Lo que más satisfacción produce a Luis Carrasco es saber que la ciencia cuenta con la posibilidad de que otros científicos puedan investigar si el hongo está implicado en otros pacientes con la misma patología o en otras muy relacionadas con ésta. Además, el catedrático se muestra esperanzado en que, en el futuro, se puedan mejorar las soluciones de fármacos con las que ya se puede atacar el mal y que están disponibles en el mercado. Él mismo ha sido tratado con esos compuestos fúngicos y asegura que, aunque «es difícil subsanar del todo la infección, se ha comprobado que disminuye».

Según explicó, los resultados del tratamiento dependerán de cada caso, especialmente de si el diagnóstico se ha realizado a tiempo. La dificultad del caso de Carrasco, que ha perdido el 99,9 por ciento de la visión, procede precisamente del largo período de tiempo que transcurrió hasta que se le pudo realizar un diagnóstico.

Carrasco y el resto del equipo de la Universidad Autónoma de Madrid trabajan ahora en el siguiente paso, que consiste en estudiar si la «Cándida famata» está implicada también en otras retinopatías muy emparentadas con ésta, así como en otras patologías que no afectan a los ojos.
 
Artículo aparecido en el diario La Nueva España, de Oviedo en su edición digital del día 17 de febrero de 2005, en la sección de Sociedad.
http://www.lne.es/

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